Como no me tocó el megáfono aquí me veo. Solucioné el mundo pero me pilló de tapas. Ya a la próxima...

Personas y gente mezclándose para confundirnos

Descendiendo por la madriguera un conejo blanco mirándome sacó un reloj de su chaleco, con lo peligrosos que son los relojes; seguí bajando... hasta ahora.
Otra manía lo de correr cuando me miran con un reloj puesto.

Me encantan las flores pero me dan alergia, y así con todo...


Entre tu farola y la mía.

Escribo para avisar a todos los mosquitos que  revolotean en mi pantalla creyendo que no los veo, que por favor se vayan a la farola de donde han venido. Nunca se lo he llegado a decir por miedo a que mis compañeras de piso crean que hablo con mosquitos, así que como estáis aqui, pegados a la pantalla, esperando no se qué, os doy la oportunidad de que pacíficamente acabeis de leer esto y os marchéis.

A día de hoy

Me he copiado del de al lado y bañado con bandera roja,
he llegado tarde a propósito, probado perfumes que no iba a comprar y despertado al vecino.
Me he quedado con algún boli, bebí sin tener 18 y no me arreglo el pintauñas a diario.
No sé inglés, no leo el periódico y no me acuerdo de la letra de mi canción favorita,
no he probado las espinacas pero sé que no me gustan.

Me he quedado con las ganas y ahora no se a quién se las voy a dar.

Apagón

El tiempo no cambia a las personas,
son las personas las que cambian el tiempo de los demás.
Quien eres ahora,
Quien eres,
Quien,
Que.
Q
.
Qué te estaba diciendo?

Alice Hoffman. El lenguaje de Arnelle.


"Esperé en el lugar donde te vi la última vez. Se hizo de noche, llegó la mañana y luego la noche de nuevo.
Pasó una década y luego pasaron cien años. Las hojas verdes se volvieron rojas y de nuevo se tornaron verdes. El árbol que me había dado cobijo fue derribado por el viento, y vi los relámpagos en el cielo y las estrellas que ardían en el espacio infinito. Vi a unos hombres que le decían a las mujeres que las amaban y que luego se iban. Vi a hombres que eran auténticos hombres, pero que nunca fueron capaces de hablar sin tapujos. Vi empezar vidas, cavar tumbas y vi caer nieve. Esperé tanto allí que el tiempo retrocedió. Había un ruiseñor y un acerolo, y yo era una niña con el pelo negro y largo que te observaba cuando cruzabas el prado hacia mí. Cuando me reconociste, sólo había pasado una hora."
                                                                                                Alice Hoffman

Claro que no lo sabes


-Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo -dijo- que ir proponiendo adivinanzas sin solución.

-Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

-¡No sé lo que usted quiere decir! -protestó Alicia.

-¡Claro que no lo sabes! -dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio- ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!

-Creo que no -respondió Alicia con cautela-. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.

-¡Ah, eso lo explica todo! -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj. ¡La una y media! ¡Hora de comer!
 
(«¡Cómo me gustaría que lo fuera ahora!», se dijo la Liebre de Marzo para sí en un susurro).
 
-Sería estupendo, desde luego -admitió Alicia, pensativa-. Pero entonces todavía no tendría hambre, ¿no le parece?
 
-Quizá no tuvieras hambre al principio -dijo el Sombrerero-. Pero es que podrías hacer que siguiera siendo la una y media todo el rato que tú quisieras.
 
-¿Es esto lo que ustedes hacen con el Tiempo? -preguntó Alicia.
 
El Sombrerero movió la cabeza con pesar.

-¡Yo no! -contestó-. Nos peleamos el pasado marzo, justo antes de que ésta se volviera loca, sabes (y señaló con la cucharilla hacia la Liebre de Marzo).
 
-¿Ah, sí?- preguntó Alicia interesada.
 
-Sí. Sucedió durante el gran concierto que ofreció la Reina de Corazones, y en el que me tocó cantar a mí.
 
-¿Y que cantaste?- preguntó Alicia.
 
-Pues canté: "Brilla, brilla, ratita alada, ¿en que estás tan atareada?". Porque esa canción la conocerás, ¿no?
 
-Quizá me suene de algo, pero no estoy segura.- dijo Alicia.
 
-Tiene más estrofas -siguió el Sombrerero-. Por ejemplo:" Por sobre el Universo vas volando, con una bandeja de teteras llevando. Brilla, brilla..." Bueno -siguió contando su historia el Sombrerero-. Lo cierto es que apenas había terminado yo la primera estrofa, cuando la Reina se puso a gritar: «¡Vaya forma estúpida de matar el tiempo! ¡Que le corten la cabeza!»
 
-¡Qué barbaridad! ¡Vaya fiera! -exclamó Alicia.
 
-Y desde entonces -añadió el Sombrerero con una voz tristísima-, el Tiempo cree que quise matarlo y no quiere hacer nada por mí. Ahora son siempre las seis de la tarde. 

Alicia comprendió de repente todo lo que allí ocurría.

Lewis Carroll

Te lo dije


No sabía cómo empezar, así que no empecé nada,
soy de esas, si esa es tu pregunta.



Soy cualquier cosa que empiece por des.