Cuando el arquitecto ruso Konstantin Melnikov decidió hacerse su propia casa, aquel blanco cilindro fascinante en Moscú, escribió estas rotundas palabras:
"Habiendome convertido en mi propio jefe, le supliqué (a la arquitecura) que se quitara de una vez su vestido de mármol, que se lavara el maquillaje de su cara, y que se mostrara como ella misma, desnuda como una diosa joven y grácil. Y como corresponde a una verdadera belleza, renunciara a ser agradable y complaciente."
La idea Construida. Encontrado por Clo en aquel pasillo de la quinta.

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