Como no me tocó el megáfono aquí me veo. Solucioné el mundo pero me pilló de tapas. Ya a la próxima...

Claros ejemplos.

Marcapasos inspirados en el corazón de una ballena, tejidos superresistentes que imitan la tela de las arañas… Para muchos científicos, todas las preguntas de la industria tienen una misma respuesta: la naturaleza y sus cuatro millones de años de experiencia. Una revolución, la biomimética, que puede cambiar nuestro mundo como el hallazgo del fuego

En caluroso día en pleno verano australiano, el biólogo evolutivo Andrew Parker se arrodilla sobre la ardiente arena del desierto y mete la pata trasera derecha de un diablo espinoso –un lagarto autóctono– en un plato con agua. «¡Fijaos, fijaos!», exclama. «¡Tiene la espalda mojada!». Y es cierto: al cabo de 30 segundos, el agua del plato ha empapado la pata entera del lagarto y reluce sobre su caparazón. Unos pocos segundos más, y el agua llega a su boca. El animal está bebiendo a través de su pie. Parker ha venido a este lugar para descubrir precisamente cómo lo hace, no solo por interés biológico, sino con un propósito concreto: crear un aparato inspirado en el diablo espinoso que ayude a los habitantes del desierto a hacer acopio de agua. Para Parker, todas las especies son éxitos de la naturaleza optimizados por millones de años de selección natural, «impagables muestras del mejor diseño». ¿Y por qué no aprender de lo que ha sido creado por la naturaleza?
Parker explica que el brillo metálico y los vistosos colores de las aves tropicales y los escarabajos no son cuestión de pigmentación, sino de características ópticas: microestructuras dispuestas para reflejar longitudes específicas de ondas luminosas. Esta coloración estructural, más brillante que los pigmentos, resulta de gran interés para los fabricantes de pinturas, cosméticos y los hologramas de las tarjetas de crédito. La tela de las arañas es cinco veces más fuerte por peso e incomparablemente más dúctil que el acero. Los insectos ofrecen un sinfín de maravillas en el plano del diseño... Y por muy sofisticada que sea la naturaleza, muchos de sus ingeniosos inventos están elaborados con materiales tan simples como la keratina, el carbonato de calcio y el sílice.

Con la ayuda de un microscopio de escaneo electrónico, Andrew Parker logra «pillarle el truco al diablo espinoso», la existencia de minúsculos vasos capilares entre las escamas. Es el turno de los ingenieros. Parker envía sus observaciones a Michael Rubner y Robert Cohen, del MIT. La combinación entre la observación biológica y el pragmatismo de la ingeniería es vital para el éxito. Cohen y Rubner consideran que un proyecto biomimético tan solo ha tenido éxito si ayuda a fabricar una herramienta útil para el ser humano, aunque no siempre lo logran. Algunos biomiméticos culpabilizan a la industria, cuyas expectativas a corto plazo chocan con lo prolongado de toda investigación. Otros lamentan la dificultad de coordinar la labor de disciplinas académicas e industriales. Y, además, la naturaleza es tan compleja y fabulosa que muchas veces es indescifrable. No obstante, las distancias con la naturaleza están reduciéndose. Los investigadores recurren hoy a tecnología tan precisa que permite indagar en los secretos a nanoescala. Así que, incluso antes de madurar en una industria comercial, la biomímesis se ha convertido por sí misma en una nueva y poderosa herramienta para la comprensión de la vida.

Robert Clark

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